miércoles, 7 de abril de 2010

Jabón de lavar cocido

 Jabón de Castilla que hice con aceite de oliva virgen
A media arroba de aceite, una de legía, hecha con sosa cáustica, que tenga 18 grados. Se pone la legía en un lebrillo hondo, se mide el aceite y en seguida se le echa a la legía de una vez y se empieza seguidamente a batir de prisa, se está batiendo media hora y se deja en reposo 24 horas, al cabo de las cuales y estando ya cuajado, con un cuchillo se le hacen muchos cortes hasta que quede hecho pedazos pequeños y todo esto con la legía que se haya desprendido se echa en una caldera; se pone al fuego, fuerte al principio y regular después, se tiene una hora, cuidando que no pare el hervor y moviéndolo de cuando en cuando, pasa ésta, se le introduce una cucharada de pez rubia molida, se mueve muy bien hasta que se calcula que está bien mezclada y derretida y se aparta. A los cuatro o cinco minutos, se va sacando con una espumadera y se va echando en el cajón o molde, que deberá tener cuatro o cinco agujeros pequeños, hechos para que escurra la legía sobrante y así que va cuajando, se va aplastando la masa con las manos, y a las tres horas ya está para cortarse en barras.
Notas:
Los ingredientes de esta receta son:
6,25 litros de aceite
12,5 litros de lejía de 18 grados
25 gr de colofonia o pez rubia

Creo que para hacer este jabón no vamos a encontrar lejía de 18 grados. Lo más sensato es utilizar sosa cáustica directamente, en esta proporción:
1 litro de aceite
1 litro de agua
134 gr de sosa

Primero hay que disolver la sosa en el agua, con muchísimo cuidado y debidamente protegidos con gafas, guantes y un pañuelo o mascarilla, porque desprende vapores irritantes. Por la reacción química, esta lejía sube rápidamente de temperatura. Hay que verter lentamente el aceite, sin dejar de remover con un palo de madera. Es muy importante que no se haga el jabón en un recipiente metálico, es peligroso. O bien se hace en un cuenco de plástico o en una olla esmaltada. Después, se puede proseguir con las indicaciones de más arriba.
Me hizo mucha gracia encontrar esta receta en el libro. Me tropecé con ella haciendo el índice para este blog y no me lo esperaba. No os podéis ni imaginar lo que me costó encontrar una receta de jabón de aceite de oliva en su momento.Por supuesto que sabía que antiguamente en las casas se hacía el jabón con el aceite frito, pero estando en el 98 de becaria cubriendo unos cursos de verano, una compañera periodista con una piel preciosa me contó que ella se lavaba la cara con jabón hecho con aceite de oliva virgen.
Se desató la fiebre desde entonces: busqué por la red y encontré montones de recetas de cómo hacer el afamado jabón de Castilla y desde entonces lo he hecho un montón de veces. En lugar de perder tanto tiempo buscando, podría haberme acercado a la estantería y haber mirado tranquilamente el libro de mi abuela... Cosas de la vida.
La receta que presento más arriba es curiosa. Ahora que he aprendido tanto del jabón casero, sé que la primera parte de la elaboración corresponde a lo que se llama "proceso en frío", y una vez conseguido el jabón de esa manera, se tritura y se cuece. En eso radica lo que me ha llamado la atención de esta receta. Eso, y la inclusión de "pez rubia", que no es otra cosa que colofonia, resina de la que tampoco había oído hablar en la vida, la verdad.
Imagino que la colofonia no debe ser complicada de conseguir en droguerías especializadas. Se puede sustituir por tintura de benjuí (o benzoína). Lo que hace la colofonia es impedir que el jabón se enrancie en poco tiempo. De lo contrario, apenas dura dos o tres meses. Además, aporta suavidad. Si actúa como el benjuí, entonces incluso permitirá que pongamos ingredientes frescos en el jabón, como corteza de limón, pétalos de rosas... Lo que cada uno quiera.
¿Por qué publico esta receta aquí? Además de que no pienso saltarme ninguna del libro y del mismo modo que no voy a poner ninguna de las pocas recetas que mis tías añadieron al original, me parece que es fundamental que en las cocinas, si no vamos a llevar el aceite en los puntos limpios, al menos no lo tiremos por el fregadero y hagamos uso de él. Parece una cosa obvia decir esto, pero mucha gente vierte el aceite de la freidora por el fregadero mirando para otro lado. Además, no os imagináis lo bien que quedan los suelos de mármol, o cualquier piedra pulida en general, lavados con el jabón natural bien rallado.

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